Por aquel 15 de marzo, la vida iba muy de prisa; tanto que la propia inercia nos hacía ir a una velocidad extremadamente alta. Casi sin darnos cuenta solo sabíamos correr: correr al despertarnos, correr al comer, correr al querer, correr al trabajar, en definitiva. correr por encima de todas las cosas.

Habíamos llegado a la época de lo “INMEDIATO”, no todo era urgente ni importante, todo era INMEDIATO, y sin esa inmediatez, llegaba la frustración. Y de pronto sin nadie verlo venir el RELOJ PARÓ de una forma brusca, poco sensible y sin delicadeza ninguna.

Se paró y al detenerse paró tantas cosas… Reuniones, viajes, salidas, paseos, abrazos, besos…
Pero no pudo ni podrá parar la vida. La vida es mucho más fuerte e importante que tres agujas que creen marcar mucho más qué el transcurrir del tiempo.

La vida continua, continúan las emociones, los ‘¿cómo estás?’, los ‘te echo de menos’, los ‘tengo ganas de verte‘, los ‘no te preocupes, estoy aquí‘, los ‘saldremos de ésta‘, los aplausos, los reconocimientos, ‘los te quiero‘, los ‘te necesito‘, los ‘formamos el mejor equipo‘…

También la vida sigue con su parte menos positiva, los odios, las críticas, los ‘te lo mereces‘, los ‘múdate‘, el egoísmo, los insultos… de esta parte de la vida prefiero olvidarme y quedarme con la positiva.

Un recuerdo grande y de ánimo para todos aquellos a los que desgraciadamente su vida se paró igual que el maldito reloj. A todos y cada uno de ellos, mi mejor deseo para su viaje y un fuerte abrazo para todos sus seres queridos.

Se paró el reloj, no la VIDA, VÍVANLA. Es el mejor de todos los regalos.

Alejandro Valiente
CEO de Mr. Brand